En los últimos meses se repite una idea con insistencia: la inteligencia artificial va a reemplazar a los programadores. En DOSTO creemos que el enfoque es completamente distinto… y mucho más interesante.
La IA no tiene intuición. No entiende la frustración real de un usuario, ni esa sensación tan humana que aparece después de tres horas peleando con un bug absurdo y que, de pronto, se resuelve con un simple: “no sé, se me ocurrió”. Esa chispa creativa sigue siendo profundamente humana.
Pero si hay algo en lo que la IA es realmente increíble, es en quitarnos de encima todo aquello que no nos gusta hacer. ¿Dónde la IA brilla de verdad? El “relleno”, generar plantillas, estructuras base y código repetitivo. La IA se encarga de lo básico; nosotros nos enfocamos en la lógica compleja y en lo que realmente aporta valor. Encontrar la aguja en el pajar Detectar errores en segundos que, de forma manual, podrían tomarnos horas revisando línea por línea. Documentación (sí, esa) Seamos honestos: ¿a quién le gusta documentar? Aquí la IA se convierte en el asistente perfecto, ordenado y constante.
Nuestro objetivo no es que los equipos escriban más código, sino que piensen mejor.
Menos teclear por inercia y más diseñar soluciones.
Menos código sin intención y más arquitectura con propósito.
El verdadero futuro no es IA contra humanos. El futuro es humanos con superpoderes. La pregunta ya no es si la IA debe usarse o no (la vida real no es como en el colegio o la universidad), sino cómo integrarla de forma inteligente para potenciar el talento, la creatividad y la capacidad de resolver problemas reales.
Y tú, ¿cómo vas con esto? ¿Sigues en un entorno donde la IA está prohibida… o ya se ha convertido en un colaborador clave en tu día a día?