Introducción

En Ecuador, la transformación digital ha avanzado rápido. Trámites que antes tomaban días hoy se resuelven en minutos gracias a la firma electrónica. Sin embargo, esta rapidez ha dejado un vacío importante: muchas personas usan la firma sin entender realmente lo que representa.

Para muchos ciudadanos y empresarios, la firma electrónica sigue siendo vista como “un requisito más” o, peor aún, como un simple QR dentro de un PDF. En la práctica legal, esto es un error gravísimo. La firma electrónica tiene exactamente el mismo valor que la firma manuscrita, y me atrevería a decir que aún mayor al no ser alterable (la firma manuscrita, si): compromete al titular frente al Estado, a instituciones financieras y terceros.

El rol del “tramitador” y la pérdida de control

En Ecuador es muy común escuchar frases como: “déjale eso al contador”, “que el abogado me ayude” o “él sabe cómo se hace”. El problema aparece cuando esa ayuda cruza una delgada y peligrosa línea.

En el día a día se normalizan prácticas que parecen inofensivas, pero que implican un alto riesgo:

  • Delegar todo el trámite de obtención de la firma electrónica a un tercero. 
  • Entregar el archivo .p12 o el token junto con la contraseña al contador, abogado, asistente o gestor “para que firme por mi”. 

Aquí el punto más importante de todo esto: la firma electrónica no es un permiso, es tu identidad digital. Cuando entregas tu clave, no estás autorizando un trámite; estás cediendo tu capacidad de asumir obligaciones legales en tu nombre, muchas veces sin saberlo y sin posibilidad de control u objeción posterior.

Riesgos reales y consecuencias legales

Compartir la firma electrónica no es un pequeño error. Las consecuencias pueden y suelen ser en extremo serias:

  • Suplantación de identidad: alguien puede firmar contratos, aceptar deudas o comprometer bienes a tu nombre. 
  • Principio de no repudio: si un documento fue firmado con tu certificado y tu clave, se presume que fuiste tú, y así lo presumirá un juez. Demostrar lo contrario es complejo y, en la mayoría de casos, imposible o costoso. 
  • Responsabilidad tributaria: si se presentan declaraciones incorrectas ante el SRI usando tu firma, el responsable legal es el titular, aunque no haya operado el sistema. 
  • Exposición de datos personales: los certificados de firma electrónica contienen información sensible que puede ser utilizada para fraudes elaborados (no se ven con frecuencia en nuestro país pero sí que existen). 

Gestión informal vs. entidades certificadas

Aspecto Tramitador o tercero informal Autoridad de Certificación
Control de la clave El tercero conoce la contraseña Solo el titular la genera y la conoce
Seguridad jurídica Alto riesgo Cumple normativa legal
Soporte Inexistente Asistencia especializada
Privacidad Datos expuestos Proceso cifrado y regulado

 

Buenas prácticas recomendadas

Para proteger tu identidad digital, estas reglas no deberían romperse NUNCA:

  • Obtención personal: realiza el trámite únicamente con Autoridades de Certificación y Autoridades de Registro acreditadas por ARCOTEL. 
  • Custodia absoluta: la clave de tu firma debe ser conocida solo por ti. 
  • Delegación correcta: si alguien necesita firmar por ti, utiliza poderes notariados, no tu certificado de firma electrónica. 
  • Reacción inmediata: si compartiste tu clave o crees que se encuentra comprometida, revoca el certificado al instante y solicita una nueva firma. 
  • Validación constante: verifica siempre los documentos firmados con herramientas oficiales como firmaEC. 

Conclusión 

La firma electrónica es uno de los activos digitales más importantes de una persona o empresa en la actualidad. Usarla sin criterio no es solo falta de información; es abrir la puerta a riesgos legales, tributarios y financieros innecesarios.

En el entorno digital, tu firma es tu identidad. Cuidarla es una responsabilidad personal, empresarial y estratégica. No permitas que otros se presenten en tu nombre.